Centrifugacions IX

André Gide le reordaba a Julio Cortázar: “ya se ha dicho todo pero como nadie escuchaba hay que volver a decirlo otra vez”.

Un proyecto de investigación depende del orden de los libros consultados, la bibliografía es el fundamento sobre el que se construye el relato que oirá el tribunal.

Un relato basado en la bibliografía específica de cada investigación es lo que une como método las diferentes disciplinas de las Artes.

En un momento en que parece que todo ya se ha escrito, que cualquiera nueva búsqueda conduce al bloqueo oa la repetición. Las nuevas generaciones vuelven a reescribir o traducir todo lo que ya se ha dicho con sus palabras, generando nuevos contextos.

Por esta razón debemos dar las gracias a quienes comienzan de nuevo, porque gracias a ellos podemos volver a contar otro una vieja historia que para ellos es nueva. Ellos vuelven a ordenar y actualizar todo lo que se ha dicho en los libros.

Todas las investigaciones comienzan con un libro. En alguno momento de la historia un grupo de jóvenes sin dinero va decidir hacer la traducción de un diccionario de inglés para actualizarlo lo de paso poder pagar el alquiler.

Como suele ocurrir con muchas investigaciones, la cosa se prolongó concretamente unos veinticinco años. Queda claro que tenían mucha paciencia y que eran rigurosos porque el proyecto va acabar teniendo 27 volúmenes.

No fue fácil, lo tenían todo en contra: la justicia e incluso el Papa. Los amenazaron de muerte y querían encerrarlos en prisión.

Pero ninguna de estas dificultades les detuvo.

Aquel pequeño proyecto se convirtió en lo que actualmente conocemos como la gran “Enciclopedia de Diderot y D’Alembert.

Gracias Diderot y D’Alembert hubo un tiempo donde todo el saber del mundo cabía en un libro. Fue en 1750, en el siglo XVIII durante el período de la ilustración.

En el siglo XVIII es cuando las artes comienzan a liberarse de la religión, gracias al racionalismo que lucha contra la superstición con las teorías matemáticas de científicos como Isaac Newton (1642–1627).

En ese contexto es cuando aparecen las obras fundacionales de las tres disciplinas que se ocupan de investigar sobre las artes: la estética (Alexander Baumgarten: Estética, 1750–1758), la crítica de arte (Denis Diderot: Salones, 1759–1781) y la Historia del Arte (Joachim Winckelmann: Historia del arte en la antigüedad, 1764).

Es en ese momento cuando el formato libro con sus reproducciones  litográficas y relatos comienzan a sustituir las obras de arte del mundo físico, observable.

Es en ese momento cuando se empieza a escribir la bibliografía de la modernidad y que tres siglos después continuaremos utilizando para investigar sobre las artes, como si fuera la red de un funambulista.

Si tienes una biblioteca ya no hace falta ir al museo ni viajar. La bibliografía se convierte en un elemento esencial para generar cualquier nuevo discurso en el ámbito académico, un método que ha perdurado hasta la actualidad.

La bibliografía es la base del pensamiento académico moderno.

Cualquier argumento debe apoyarse en un libro.

Aby Warburg (1866–1929) historiador del arte como Winckelmann cambiaba de sitio sus libros según la búsqueda que estuviera realizando.

Resultaba particularmente extraño que Warburg nunca se cansara de cambiar [los libros] de sitio una y otra vez. Cualquier progreso realizado en su sistema de pensamiento o cualquier idea nueva sobre la interrelación de los hechos le obligaba a reagrupar los libros correspondiente. La biblioteca cambiaba con cada cambio producido en su método de investigación”.

De esta forma Warburg hacía sus búsquedas.

Walter Benjamín (1892–1940), tenía el proyecto de hacer un libro sólo de citas, para hacer nuevas búsquedas y poder generar nuevos órdenes. Para Benjamín, lo importante es el puesto que ocupan unas citas en relación con otras para poder hacer emerger nuevos significados.

Lucy Lippard en el libro Six Years: The dematerialization of the art object from 1966 to 1972 (Nueva York, Praeger, 1973), dice que la exposición física se ha vuelto un complemento del catálogo. Ya no hace falta esperar a montar la exposición para hacer el catálogo, no hay obra original, lo único importante es la información, el relato sobre la investigación. La bibliografía se ha convertido en obra de arte. Le hemos dado la vuelta al calcetín. Winckelmann escribía libros sobre obras de arte, ahora las obras de arte son los libros. Por tanto podemos concluir que todo pensamiento en el ámbito académico desde que se publicó Historia del arte en la antigüedad, 1764 de Winckelmann está estrechamente sujeto a un orden bibliográfico y en sus citas, para crear nuevas relaciones y contextos, para volver a explicar de nuevo lo que ya se había dicho haciendo que coincida con los gustos de jurados, tribunales y especialistas, para después convertirse en nuevas bibliografías que serán citadas.

Aleix Molet
Barcelona, ​​15 de enero 2026.